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Romeo y Julieta en la cola por la Harina Pan


Dicen de ti, Pequeña Venecia,
Que entre tus llanos y valles, montañas y selvas,
Que en tu desconcertante belleza
Vive tu gente risueña
Espejo de tus entrañas
Que al necesitado todo le ofrecen
Y a las almas perdidas rescatan
Humilde Patria solidaria
Nunca has negado tu brisa,
Ni al que representa amenaza.

Tu nobleza, tu riqueza, tu temperamento y ligereza
Te han sido heredadas
Por tus venas la sangre
De la playa y de la lanza, del dominio y la flaqueza
Tus puertas abiertas al expatriado acogen
Como a la infortunada mezcla
De un Romeo y una Julieta
Escapados de la muerte a Venezuela
¡Oh! ¡Sirvienta de la gracia!
¡Oh! ¡Regalo a la existencia!

Víctima de tanta entrega
Despojada de tus riquezas
Despedazada ante los fríos ojos de tus hijos
Que en tu nombre tus bienes disponen
¿Condenas a los amantes o te condenas a la miseria?
Enfrentan Romeo y Julieta los retos de tu escasez
En tu lamento y tristeza se forman en líneas rectas
Diagonales y en zig zag o en ninguna como tal
Descorazonado y descorazonada se encuentran
Confusos en cola esperan.

No es esta la vida juntos anhelada
Dibujada en aquella promesa matrimonial
Extraña la niña el lecho de la madre
Donde jamás tendría harina que comprar
Extraña el varón las horas que ayer malgastaba en soñar
Por ella, por él, de ella y de él era la nueva libertad
Que no los dejaba ver lo felices que a pesar del sacrificio podrían estar.
La abundancia y el placer les niega la vida por sobrevivir
A su destino fatídico de holocausto de paz
Se ofrecerían así ante el desgaste indeseado
En las colas del Día a Día por un kilo de harina, su pan.

¿Y no sería mejor que el amor puro y juvenil
Se conservara inmaculado y no acabara jamás?
¿Y no sería mejor perpetuar la unión en su belleza original,
Un amor trascendente, prohibido, inmortal…
Que se imprima en muchos libros que la gente ha de estudiar?
Digno de películas, poemas y de más,
Rebelde, valiente, divertido y fugaz
Es mejor, mucho mejor, que su triste realidad
Ahora no son nada digno de conversar
Ahora son tan sólo unos venezolanos más.

© 2015 Grecia Albornoz

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